dilluns, d’octubre 11, 2010

Testosterona Vs encéfalo

Dentro del apartado de "articulos que firmaria yo con los ojos cerrados", hoy presento a uno de mis idolos literarios, Juan José Millás.

- A Pío García Escudero no le importaria morir como un toro de lidia, es mas, lo preferiria. Quizá lo diga para presumir de macho sin darse cuenta que al mismo tiempo alardea de tonto. Hombre, hombre, el toro de lidia es muy fuerte, incluso muy varonil, si ese es su ideal de hombre, pero no tiene muchas luces. Le ponen banderillas por acudir al señuelo, lo pican por equivocarse de enemigo, lo torean porque entra al trapo sin darse cuenta de el trapo no es, en efecto, mas que un trapo, y lo matan porque no aprende, o sea, porque se pasa toda la corrida tropezando en la misma piedra. El toro de lidia tiene, en fin, mucha testosterona pero el pobre anda escaso de neuronas. Ningún intelectual que se precie se identificaría con ese cuadrúpedo tan bello y zaino (¿qué rayos significará zaino?).

Como no tenemos ni idea de lo que quiere decir zaino, ignoramos también si es esa cualidad del toro de lidia la que tanto gusta a García Escudero. En todo caso los contribuyentes preferiríamos que nuestros políticos elidieran modelos para vivir y para morir en los que las neuronas tuvieran más importancia que la testosterona. A este país le ha hecho mucho daño esa hormona. Fué la responsable de una guerra civil y una dictadura de 40 años a lo largo de los cuales sólo se utilizaron para gobenar los atributos masculinos. Es cierto que muchos ministros de Franco los tenían tan grandes como un toro de lidia, pero habría sido más rentable, y más humano también, que gobernaran con el cerebro. No era fácil pedir cerebro a aquellos pobres ministros y directores generales, pero ese habría sido nuestro deseo.

En la discusión acerca de la llamada "Fiesta Nacional" (manda huevos, con perdón) se están cometiendo muchos excesos, muchos. Lo que no imaginábamos era que la dicotomía tradición versus modernidad fuera sustituida por la pareja testosterona versus encéfalo. Grácias al encéfalo, que es la parte más noble del cerebro, hemos sublimado históricamente el empuje, con frecuencia brutal, de la testosterona. Estaría bien que contnuáramos por ese camino que nos diferencia de las bestias. De ahí que nos sonara tan mal la intervención de don Pío.

JUAN JOSÉ MILLÁS